Hills, Eleonore Galatea — ID

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Hills, Eleonore Galatea — ID

Mensaje por Khione el Dom 18 Sep 2016, 23:55

Eleonore Galatea Hills  — Aniel.

 
 
Ángel caído
Desconocida.
28 años.
Neutrales
Asexual
Ángel caído
Bibliotecaria.
NY

Personalidad

— No hay veneno más letal para el hombre,
que su propia ignorancia.

— Una mujer sencilla y cálida. No se puede decir que se destaca por alguna característica, puesto su actitud sosegada y tranquila termina por limitarla a ser parte del paisaje. Que otros sean los que se destaquen, así ella sigue en su mundo invisible. Esto se confunde con insensibilidad, cuando en verdad es bastante introvertida.

— Es amable, claro. Todos reciben un trato cordial, puesto así desea ser tratada, pero no muchos pueden decirse amigos cercanos de Eleonore. Nadie puede llegar a conocerla por completo, puesto hay un algo a su alrededor. Muros altos e impenetrables que la protegen, como si no quisiese ser encontrada. Ni ella misma puede explicarse por qué siente la imperiosa necesidad de ocultarse cuando alguien logra esquivar sus protecciones.

— Se enfrasca en sus libros y en su eterno estudio. Eso la calma y le ayuda a que las horas pasen más rápidas. No le agrada que la interrumpan en esos momentos.

— Producto de aquella sensación de estar perdida o que no todo encaja bien a su alrededor, tiende a ser bastante callada. Toma los cambios no muy bien, sobre todo porque no sabe exactamente cómo responder a ellos.

— Siente que algo le falta, algo muy importante que dejó atrás. Por ese hecho la cabrea de sobremanera el aún no recordar qué pasó antes de su accidente. Sin tener ninguna pista, sabe bien que en aquellas memorias perdidas se haya aquello que con tanto anhelo busca.
 


 
Historia
Nadie esperaba que un ángel como ella cayera. Se dijo que un acto de rebeldía, desobedeció una orden directa. También que la oscuridad la terminó seduciendo, engatusándola a cometer un horrible pecado. ¿La verdad? Ni siquiera sus más cercanos sabían con claridad qué la dominó en esos momentos cuando desapareció de un momento a otro y volvió al reino del altísimo con la mirada perdida y las ropas ensangrentadas. Sangre humana.

Solo unos pocos, aquellos presentes en su juicio, supieron la verdad. Conocieron su falta y el dolor que la afligía. En el fragor de un enfrentamiento con un demonio, ella había asesinado a un humano. No hizo intento de excusar su actuar, puesto ya no importaban sus razones. Bastaba ver las consecuencias de su desobediencia para comprender que aunque sus intenciones hubiesen sido buenas, un alma inocente había perecido.

Y eso no se lo perdonaría jamás; por lo que tal y cómo aquel humano había muerto, así lo haría el nombre de Aniel...

— Mi madre me va a matar si sabe que bebí.
— Tranquila, si puedes pasar la noche en mi casa...
— Oh por Dios, Lisa, hay alguien al borde de la laguna...

Las autoridades fueron notificadas de su presencia en Central Park a través de una histérica llamada de dos adolescentes. Las niñas aseguraron que estaba muerta, pero al llegar la primera patrulla al lugar se percataron que ella seguía respirando. De inmediato se pidió una ambulancia y ella fue trasladada a un hospital cercano. En el trayecto, los paramédicos comentaron luego, que la mujer encontrada recobró la consciencia y en el momento en que comenzaron con las preguntas de rigor, ella rompió a llorar. No cualquier llanto que pueda esperarse de alguien en estado de shock, sino de ese tipo de llanto que rompe el corazón. Uno tan amargo y anhelante que sume a quien lo oye en una profunda tristeza.

Aquel llanto que solo puede pertenecer a un alma perdida... O abandonada.


Ningún nombre, ni identificación. Uno de los oficiales dijo
que quizás la chica fue asaltada, pero no hay signos de pelea.
— Que cosa más horrible...
— Si, la pobrecilla no recuerda nada. A nadie al cual
informar de su aparición.

Cuando la lograron tranquilizar, los especialistas cayeron en cuenta que la muchacha no podía responder ninguna pregunta. No recordaba su nombre, ni mucho menos qué había sucedido antes de terminar a las orillas de la laguna del Central Park. Si bien los aliviaba el hecho que ella no tenía mayores heridas o contusiones aparentes, la incógnita que era la presencia de la chica en aquella camilla mantuvo a todo el personal pendiente de cualquier noticia por parte de la policía.

Al tercer día alguien apareció, asegurando que su hermana había desaparecido hacía unos días sin dejar rastro alguno. Luego de corroborar que habían datos que calzaban entre la chica encontrada y la hermana de la nerviosa mujer, los policías encargados del caso la acompañaron hacia la sala donde la rubia mujer seguía siendo tratada.

Para agrado de los policías y el cuerpo tratante, la chica resultó tener un nombre y alguien preocupado por ella. Y con ello, el caso se cerró sin mayor problema.


Solíamos ir juntas, Ele. Aquí el tío Albert se cayó de su silla.
— Es hermoso...
— Sip, mamá pensaba lo mismo. Aunque a papá no le agradaban
los rosales, decía que eran muy peligrosos.

¿Cómo volver a una vida que no recuerdas? ¿Cómo llamar hermana a una mujer que jamás has visto antes? Eleonore, el cual era su supuesto nombre, tuvo que ignorar sus propias dudas y adaptarse a las secuelas de su accidente. Se le asignó un psiquiatra tratante ante su severa amnesia y lentamente volvió a aquella vida que al parecer era suya. Asimiló como propias las memorias que su hermana intentaba despertar con tanto ahínco, visitó aquellos lugares que en algún momento fueron sus preferidos. En fin, comenzó con su rutina nuevamente.


— No soporto la idea de estar mintiéndole,
ya no aguanto la culpa.
— Sé fuerte. Mantén tu promesa, que
ella así lo hubiese querido.

Cuatro años han pasado desde aquel fatídico día y Eleonore puede decir que ya vive una vida completamente normal. Tiene su trabajo, sus hobbies y un par de amigos, todo aquello que le parecía tan ajeno ya le es propio ahora.

Si solo pudiese recordar...

Si solo supiera la mentira en la que vive, aquella que ella misma creó antes de dejar el hogar al que siempre perteneció. Si solo advirtiera que la oscuridad que le costó su puesto a un lado del señor volverá atormentarla, al igual que el fantasma de su error.


 
Otros datos

Gustos::
— La lectura; puede pasar tardes completas embebida en una buena historia.
— Ir al karaoke; al parecer, el cantar la tranquiliza.

Disgustos::
— El soñar; lleva años combatiendo las pesadillas y los sueños extraños que asolan su horas de descanso. Al despertar no recuerda nada de lo soñado, pero siempre termina con lágrimas en los ojos. Por ello toma somníferos.  

Manías::
— Antes de dejar su hogar, se persigna y lleva consigo un pequeño rosario. Una extraña manía, sobre todo cuando no se considera católica, pero lo hace sin pensar.

Fobias::
— El volver a perder sus recuerdos; más que una fobia, se limita un miedo constante y una inseguridad hacia  sus propios recuerdos. Producto de esto, escribe en un diario personal cada momento que ella considere importante.

Otros::
— Gracias a la insistencia de una vieja amiga, recientemente se incorporó a un coro. No tiene mucho conocimiento técnico (apenas sabe leer una partitura), pero su latente talento equipara su falta de conocimiento.
— Tiene un tatuaje en el centro de su espalda. Su psicólogo dice que representa su nuevo comienzo luego de su accidente. Ella, en cambio, siente que aquel tatuaje esconde un significado diferente, uno que parece más intricado de lo que le gustaría.

 
©CAELUM INFERI
 


 


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