Code Post Mitsuki

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Mensaje por Khione el Dom 12 Jun 2016, 22:12

let me breathe
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I got a brain-tricked hunger and you're pulling me in


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<center><link href='https://fonts.googleapis.com/css?family=Arimo:400,700,700italic' rel='stylesheet' type='text/css'><style type="text/css">.cyh-1 { width: 290px; background: #e3e3e3; padding: 70px; }.cyh-2 { font-family: 'Arimo', sans-serif; text-align: right; font-size: 25px; color: #000; font-weight: 700; font-style: italic; letter-spacing: -2px; line-height: 100%;  }.cyh-3 { border-top: 1px solid #fff; padding-bottom: 1px; }.cyh-4 { border-top: 1px solid #fff; }.cyh-5 {width: 370px;  background: #fff; padding: 30px; }.cyh-6 { border-top: 1px solid #f1f1f1; margin-top: 5px; }.cyh-7 { border-top: 1px solid #f7f7f7; margin-top: 2px; }.cyh-8 { border-top: 1px solid #f1f1f1; margin-top: 2px; }.cyh-9 { background: #fafafa; padding: 60px; margin-top: 5px; text-align: justify; font-family: 'Arimo', sans-serif; text-transform: lowercase; font-size: 12px; line-height: 140%; color: #333; border: 1px solid #efefef; }.cyh-9 b { font-size: 11px; font-weight: bold; }.cyh-10 { width: 370px; background: #000; padding: 30px; }.cyh-11 { font-family: 'Arimo', sans-serif; text-align: center; font-size: 7px; color: #fff; font-weight: 700; font-style: italic; text-transform: uppercase; line-height: 100%; letter-spacing: 1px; }</style><div class="cyh-1"><div class="cyh-2">let me breathe</div><div class="cyh-3"></div><div class="cyh-4"></div></div><div class="cyh-5"><a href="http://shine.b1.jcink.com/index.php?showuser=28"><div class="cyh-6"></div><div class="cyh-7"></div><div class="cyh-8"></div></a><div class="cyh-9">Normal text<p><b>Bold text</b></div></div><div class="cyh-10"><div class="cyh-11">I got a brain-tricked hunger and you're pulling me in</div></div></center>


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Re: Code Post Mitsuki

Mensaje por Khione el Dom 12 Jun 2016, 23:44

let me breathe

Decir que Mitsuki estaba allí por decisión propia era algo un poco arriesgado. Si, ella misma era la que arrastraba los pies hacia la entrada, pero lo hacía solo porque era uno de sus casos asignados y su deber era seguir los dictámenes de sus nuevos jefes. Por lo que, en pocas palabras, estaba de manos atadas en ese asunto. Debía ir aun cuando le daban alergia los antros como aquellos. Murmurando sus plegarias por lo bajo, la muchacha se adentró en el local siendo dulcemente recibida por el retumbar de la música. Dio un respingo ante tal ruido y, siendo su ceño fruncido el que trasmitía sus muy positivos pensamientos hacerla lo que estaba experimentando, dio largas zancadas hacia su objetivo: el bar.

No le fue tarea fácil el llegar allí, que el cúmulo de gente que iba y venía la atrapó en más de una oportunidad, llevándola con ellos. Pero lo hizo, al menos. Ya más cerca de la barra, Mitsuki buscó con la mirada un lugar donde sentarse… sin encontrar ni un mísero taburete. Dios santísimo, ese lugar ya no daba a vasto. ¡Si ni siquiera había un espacio mínimo para asomar la cabeza y hablarle al bar tender! Por más que no le gustasen ese tipo de ambientes, debía conseguir algo de información acerca de la revuelta ocurrida hacía menos de una semana en ese mismo local. Era su obligación personal el volver a la cede con algo nuevo, al menos, sobre todo cuando la presión era palpable hacia su persona. Era relativamente nueva y con su edad, estaban aún viendo cuál era su verdadero potencial y no podía fallar en eso.

Buscando un lugar por donde hacerse paso, Pryot dio con un pequeño puesto. Lo suficientemente grande como para que ella entrase sin problemas. Viendo su posible lugar en peligro de que fuese ocupado, la chica se apresuró en acercarse… pero la detuvo en seco un vaso lanzado directamente hacia sus pies.

¡¿Qué demonios te pasa, idiota?! ― escupió sin siquiera pensarlo, alzando la mirada hacia el culpable de hacer aquel cristal volar en el peor momento. ― ¡Poco menos me lo lanzas encima, pedazo de...! ― Se detuvo antes de soltar un juramento, mordiéndose la lengua para ahogar aquellas palabras. Su encantador grito logró hacerse escuchar aún con la música, por lo que había que solo imaginar cuan fuerte hubiese sido el chillido de la mundana sin el estridente sonido de fondo.

Bufando, aún indignada, se movió hacia el lugar donde la pareja melosa había estado. Sin siquiera molestarle que estaba casi al lado del chico de mirada azul. No le prestaría atención alguna, porque con ese tipo de gente es mejor no meterse, ¿no? Si hasta podría estar borracho. Inclinándose un poco hacia la barra, Mitsuki alzó su mano y llamó al bartender. Recibiendo nada más que silencio… y un maldito vaso de un líquido azul casi volando hacia su dirección, deteniéndose junto a su mano.

Bien, ni que tampoco quería salir de allí rápidamente.
Cielo - Electro | 23:15 hrs | Adriel B. Köhler



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Decir que Mitsuki estaba allí por decisión propia era algo un poco arriesgado. Si, ella misma era la que arrastraba los pies hacia la entrada, pero lo hacía solo porque era uno de sus casos asignados y su deber era seguir los dictámenes de sus nuevos jefes. Por lo que, en pocas palabras, estaba de manos atadas en ese asunto. Debía ir aun cuando le daban alergia los antros como aquellos. Murmurando sus plegarias por lo bajo, la muchacha se adentró en el local siendo [i]dulcemente[/i] recibida por el retumbar de la música. Dio un respingo ante tal ruido y, siendo su ceño fruncido el que trasmitía sus muy positivos pensamientos hacerla lo que estaba experimentando, dio largas zancadas hacia su objetivo: el bar.

No le fue tarea fácil el llegar allí, que el cúmulo de gente que iba y venía la atrapó en más de una oportunidad, llevándola con ellos. Pero lo hizo, al menos. Ya más cerca de la barra, Mitsuki buscó con la mirada un lugar donde sentarse… sin encontrar ni un mísero taburete. Dios santísimo, ese lugar ya no daba a vasto. ¡Si ni siquiera había un espacio mínimo para asomar la cabeza y hablarle al bar tender! Por más que no le gustasen ese tipo de ambientes, debía conseguir algo de información acerca de la revuelta ocurrida hacía menos de una semana en ese mismo local. Era su obligación personal el volver a la cede con algo nuevo, al menos, sobre todo cuando la presión era palpable hacia su persona. Era relativamente nueva y con su edad, estaban aún viendo cuál era su verdadero potencial y no podía fallar en eso.

Buscando un lugar por donde hacerse paso, Pryot dio con un pequeño puesto. Lo suficientemente grande como para que ella entrase sin problemas. Viendo su posible lugar en peligro de que fuese ocupado, la chica se apresuró en acercarse… pero la detuvo en seco un vaso lanzado directamente hacia sus pies.

― [b]¡¿Qué demonios te pasa, idiota?![/b] ― escupió sin siquiera pensarlo, alzando la mirada hacia el culpable de hacer aquel cristal volar en el peor momento. ― [b]¡Poco menos me lo lanzas encima, pedazo de...![/b] ― Se detuvo antes de soltar un juramento, mordiéndose la lengua para ahogar aquellas palabras. Su encantador grito logró hacerse escuchar aún con la música, por lo que había que solo imaginar cuan fuerte hubiese sido el chillido de la mundana sin el estridente sonido de fondo.

Bufando, aún indignada, se movió hacia el lugar donde la pareja melosa había estado. Sin siquiera molestarle que estaba casi al lado del chico de mirada azul. No le prestaría atención alguna, porque con ese tipo de gente es mejor no meterse, ¿no? Si hasta podría estar borracho. Inclinándose un poco hacia la barra, Mitsuki alzó su mano y llamó al bartender. Recibiendo nada más que silencio… y un maldito vaso de un líquido azul casi volando hacia su dirección, deteniéndose junto a su mano.

Bien, ni que tampoco quería salir de allí rápidamente.</div></div><div class="cyh-10"><div class="cyh-11">Cielo - Electro | 23:15 hrs | Adriel B. Köhler</div></div></center>


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Re: Code Post Mitsuki

Mensaje por Khione el Jue 16 Jun 2016, 23:50

Bajo la tenue luz de la habitación, la figura impasible de la mujer parecía haberse trasformado en una estatua. Esperaba, con su aliento contenido, una señal… una sola insinuación de que él ya no quería estar en su presencia. Puesto sus acciones no eran movidas solo por los modales que tan arraigados se encontraban en sus maneras, sino también por la duda de no saber con seguridad qué opinión tendría el caballero al saber su cuna. Su mestizaje; puesto aquel “nosotros” seguía presente y fresco en los oídos de la señora Bharti. El tema, para ella, había quedado sin esclarecer en el momento en que él desapareció repentinamente y aquel recuerdo llevaba rondando sus pensamientos desde la primera palabra que cruzaron al entrar en aquella habitación. Su postura no reflejaba nada más que tranquilidad, un sosiego pausado que no la había abandonado en ningún momento en que Izhan había dirigido su mirada en ella… pero eran los ojos de la dama, aquellos orbes, predadores e inquietantes, los que delataban aquella necesidad por esclarecer aquellas dudas. Aquella incógnita, y problema para algunos, que –sabía– no la abandonaría hasta que liberase su último aliento.
Escuchó en el más profundo de los silencios cada palabra, siguiendo cada manera que eran acompañadas de un tono cambiante y que seguía cada atisbo de emoción en la mirada ajena. Nada se le escapó de aquel análisis, ni un solo detalle. Hasta que él hubo acabado, Ramya no respondió en lo absoluto.

Pero hubo un cambio, ínfimo y al mismo tiempo tan significativo en la postura de la señora. Fue en el momento en que de sus labios nació un suspiro agotado, siendo esta la primera muestra de que bajo aquel porte señorial había una mujer de carne y hueso. Cubriendo de mejor manera sus hombros con el duppata que la cubría, la sacerdotisa se dirigió hacia una de los sillones allí dispuestos y tomó asiento. Hundiendo –luego– sus dedos en sus cabellos, peinándolos lejos de su rostro en un gesto abatido y propio de ella.― Pierda cuidado sobre qué pase o no con respecto a lo sucedido, entre Kushad y yo. Cualquier problema que nazca debido a esto, solo habrá sido provocado por sus propios actos. ― No revelaría más sobre las consecuencias que caerían sobre su marido. Ese asunto quedaría estrictamente entre él y ella.  Su ira seguía intacta, pero estaba confinada a ser liberada solo al llegar a sus dominios.

Un breve silencio siguió a sus palabras, solo por un par de latidos. Para luego continuar.― Déjeme al menos pagar el daño hecho al  encargarme yo de los gastos de su estadía. Es lo mínimo que puedo hacer…― Unas palabras parecieron haberse quedado prendadas de los labios de la mujer, como si no hubiese tenido el permiso para pronunciarlas. Luego de aquella duda, aclaró su garganta y alzó nuevamente su voz. ― ¿Desea que le traiga algo? ¿Una compresa de hielo o algo para aliviar el dolor de sus heridas? ― No le pasó desapercibido la mueca de dolor que el licántropo había hecho al palpar su ceja herida, por lo que el primer impulso de la guerrera era ayudarle en recomponerse.

Con el tema del actuar de su marido ya zanjado, la sacerdotisa quería aventurarse a una cuestión en específico. Que ahora, al fin, podría hablar sin miramientos al encontrarse ambos sin ningún testigo o espectador indeseado que limitara sus palabras. Jugueteando con la suave tela de su duppata, la dama se lanzó sin previo aviso por aquella anterior incógnita que había rondado sus pensamientos.― Justo antes de partir de la mesa, cuando aún nos encontrábamos en el restaurant, usted tocó un tema bastante… peculiar.― No podía llamarlo de otra manera sin sonar irrespetuosa, por lo que la elección de aquellas palabras fue extremadamente delicada. ― Pero antes de que usted me ofreciera una mejor respuesta de qué se refería a ese “nosotros”, abandonó la mesa por motivos que ya es posible imaginarme. ― Sentándose de mejor manera en su lugar, la sacerdotisa volvió sus ojos hacia el caballero frente a ella, fijándolos en su figura. No intensión de intimidarlo, sino que para comprobar si aquel tema aparecía entre las memorias del licántropo. ― No quiero dar mayor rodeo al asunto, puesto ya no hay testigos indeseados que puedan escucharnos. Por lo que espero, y deseo, que aclare aquella duda que mantengo desde el momento en que dijo aquellas palabras. ¿Se refería usted a mis raíces? O para ser más exacta, ¿La naturaleza misma de mi raza? ― Ni un solo titubeo, ni un atisbo de duda o miedo enturbió la mirada seria y sincera de la guerrera. Quería escuchar la respuesta de VonKeesel antes de siquiera intentar responder las preguntas que ella misma había formulado, porque al menos en esa ocasión guardaba la esperanza de que pudiese darle una respuesta diferente a aquella maldita pregunta.
Bitter Consequences
HOTEL KÖPENHAVN | habitación 250
Izhan S. VonKeesel
robb stark


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<link href='http://fonts.googleapis.com/css?family=Dosis' rel='stylesheet' type='text/css'><style type="text/css">.sex { text-align: justify; color: #222; font-family: verdana; font-size: 10.5px; line-height: 140%; }.sex:first-letter { float: left; padding: 5px; font-family: georgia; font-style: italic; text-transform: uppercase; color: #444; font-size: 30px; }#boyfriend { position: relative; width: 400px; height: 250px; background-image: url(http://i.imgur.com/4rtDcw4.png); overflow: hidden; }.wayout { width: 350px; height: 50px; background-color: #222; line-height: 50px; text-align: center; text-transform: uppercase; font-family: dosis; font-size: 10px; letter-spacing: 1px; color: #fff; text-decoration: none; -moz-transition-duration: 0.6s;  -webkit-transition-duration: 0.6s;  -o-transition-duration: 0.6s; }.wayout:hover { background-color: #444; text-decoration: line-through; -moz-transition-duration: 1s;  -webkit-transition-duration: 1s;  -o-transition-duration: 1s; }.anyway { position: absolute; left: -400px; top: 25px; width: 350px; height: 50px; background-color: #222; -moz-transition-duration: 0.6s;  -webkit-transition-duration: 0.6s;  -o-transition-duration: 0.6s; }.shirt { position: absolute; right: -400px; top: 100px; width: 350px; height: 50px; background-color: #222; -moz-transition-duration: 0.6s;  -webkit-transition-duration: 0.6s;  -o-transition-duration: 0.6s; }.jeans { position: absolute; left: -400px; top: 175px; width: 350px; height: 50px; background-color: #222; -moz-transition-duration: 0.6s;  -webkit-transition-duration: 0.6s;  -o-transition-duration: 0.6s; }#boyfriend:hover .anyway { left: 25px; -moz-transition-duration: 0.6s;  -webkit-transition-duration: 0.6s;  -o-transition-duration: 0.6s; }#boyfriend:hover .shirt { right: 25px; -moz-transition-duration: 0.6s;  -webkit-transition-duration: 0.6s;  -o-transition-duration: 0.6s; }#boyfriend:hover .jeans { left: 25px; -moz-transition-duration: 0.6s;  -webkit-transition-duration: 0.6s;  -o-transition-duration: 0.6s; }</style><center><div style="width: 360px; padding: 20px; background-image: url(http://i.imgur.com/8VJIPky.png);"><div style="width: 330px; padding: 15px; background-color: #f3f3f3; border: 1px solid #eee;"><div class="sex">Bajo la tenue luz de la habitación, la figura impasible de la mujer parecía haberse trasformado en una estatua. Esperaba, con su aliento contenido, una señal… una sola insinuación de que él ya no quería estar en su presencia. Puesto sus acciones no eran movidas solo por los modales que tan arraigados se encontraban en sus maneras, sino también por la duda de no saber con seguridad qué opinión tendría el caballero al saber su cuna. Su mestizaje; puesto aquel “nosotros” seguía presente y fresco en los oídos de la señora Bharti. El tema, para ella, había quedado sin esclarecer en el momento en que él desapareció repentinamente y aquel recuerdo llevaba rondando sus pensamientos desde la primera palabra que cruzaron al entrar en aquella habitación. Su postura no reflejaba nada más que tranquilidad, un sosiego pausado que no la había abandonado en ningún momento en que Izhan había dirigido su mirada en ella… pero eran los ojos de la dama, aquellos orbes, predadores e inquietantes, los que delataban aquella necesidad por esclarecer aquellas dudas. Aquella incógnita, y problema para algunos, que –sabía– no la abandonaría hasta que liberase su último aliento.
Escuchó en el más profundo de los silencios cada palabra, siguiendo cada manera que eran acompañadas de un tono cambiante y que seguía cada atisbo de emoción en la mirada ajena. Nada se le escapó de aquel análisis, ni un solo detalle. Hasta que él hubo acabado, Ramya no respondió en lo absoluto.

Pero hubo un cambio, ínfimo y al mismo tiempo tan significativo en la postura de la señora. Fue en el momento en que de sus labios nació un suspiro agotado, siendo esta la primera muestra de que bajo aquel porte señorial había una mujer de carne y hueso. Cubriendo de mejor manera sus hombros con el <i>duppata</i> que la cubría, la sacerdotisa se dirigió hacia una de los sillones allí dispuestos y tomó asiento. Hundiendo –luego– sus dedos en sus cabellos, peinándolos lejos de su rostro en un gesto abatido y propio de ella.― [color=#cc6699]Pierda cuidado sobre qué pase o no con respecto a lo sucedido, entre Kushad y yo. Cualquier problema que nazca debido a esto, solo habrá sido provocado por sus propios actos.[/color] ― No revelaría más sobre las consecuencias que caerían sobre su marido. Ese asunto quedaría estrictamente entre él y ella.  Su ira seguía intacta, pero estaba confinada a ser liberada solo al llegar a sus dominios.

Un breve silencio siguió a sus palabras, solo por un par de latidos. Para luego continuar.― [color=#cc6699]Déjeme al menos pagar el daño hecho al  encargarme yo de los gastos de su estadía. Es lo mínimo que puedo hacer…[/color]― Unas palabras parecieron haberse quedado prendadas de los labios de la mujer, como si no hubiese tenido el permiso para pronunciarlas. Luego de aquella duda, aclaró su garganta y alzó nuevamente su voz. ― [color=#cc6699]¿Desea que le traiga algo? ¿Una compresa de hielo o algo para aliviar el dolor de sus heridas?[/color] ― No le pasó desapercibido la mueca de dolor que el licántropo había hecho al palpar su ceja herida, por lo que el primer impulso de la guerrera era ayudarle en recomponerse.

Con el tema del actuar de su marido ya zanjado, la sacerdotisa quería aventurarse a una cuestión en específico. Que ahora, al fin, podría hablar sin miramientos al encontrarse ambos sin ningún testigo o espectador indeseado que limitara sus palabras. Jugueteando con la suave tela de su <i>duppata</i>, la dama se lanzó sin previo aviso por aquella anterior incógnita que había rondado sus pensamientos.― [color=#cc6699]Justo antes de partir de la mesa, cuando aún nos encontrábamos en el restaurant, usted tocó un tema bastante… peculiar.[/color]― No podía llamarlo de otra manera sin sonar irrespetuosa, por lo que la elección de aquellas palabras fue extremadamente delicada. ― [color=#cc6699]Pero antes de que usted me ofreciera una mejor respuesta de qué se refería a ese “nosotros”, abandonó la mesa por motivos que ya es posible imaginarme.[/color] ― Sentándose de mejor manera en su lugar, la sacerdotisa volvió sus ojos hacia el caballero frente a ella, fijándolos en su figura. No intensión de intimidarlo, sino que para comprobar si aquel tema aparecía entre las memorias del licántropo. ― [color=#cc6699]No quiero dar mayor rodeo al asunto, puesto ya no hay testigos indeseados que puedan escucharnos. Por lo que espero, y deseo, que aclare aquella duda que mantengo desde el momento en que dijo aquellas palabras. ¿Se refería usted a mis raíces? O para ser más exacta, ¿La naturaleza misma de mi raza?[/color] ― Ni un solo titubeo, ni un atisbo de duda o miedo enturbió la mirada seria y sincera de la guerrera. Quería escuchar la respuesta de VonKeesel antes de siquiera intentar responder las preguntas que ella misma había formulado, porque al menos en esa ocasión guardaba la esperanza de que pudiese darle una respuesta diferente a aquella maldita pregunta.
</div></div></div><div style="width: 400px; height: 40px; background-color: #222; font-family: 'Dosis', sans-serif; text-transform: uppercase; line-height: 40px; font-size: 10px; text-align: center; letter-spacing: 4px; color: #fff;">Bitter Consequences</div><div id="boyfriend"><div class="anyway"><div class="wayout"><a href="http://i.imgur.com/DtXZBHd.jpg?1">Outfit</a></div></div><div class="shirt"><div class="wayout">HOTEL KÖPENHAVN | habitación 250</div></div><div class="jeans"><div class="wayout">Izhan S. VonKeesel</div></div><a href="http://z10.invisionfree.com/A_THOUSAND_FIREFLIES/index.php?showuser=12224"><div style="width: 400px; margin: 5px; text-align: left; font-family: arial; text-transform: uppercase; text-align: left; font-size: 6px; color: #111;">robb stark</div></a></center>


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Re: Code Post Mitsuki

Mensaje por Khione el Jue 22 Sep 2016, 20:28

And now it's the perfect time to say

Well... i'm fucked

and, also, completely lost.

¿Cuánto tiempo había esperado para aquella convención? Horas, semanas... ¡Un año completo! Se había esmerado tanto en su cosplay, comprando todos los materiales, gastando noches completas solo para coser (sacrificando las yemas de sus dedos ante el inclemente ataque de la aguja), viendo miles de tutoriales para poder lograr el acabado que quería en su creación.

Y allí estaba, en camino a su tan anhelada convención vestida de sailor venus, aguantando las miraditas curiosas de los pasajeros del taxibus. Hasta que el auxiliar del vehículo anunció el paradero que le servía a ella. Bajándose, feliz, de su transporte, la psíquica dio un vistazo a su alrededor. Encontrando nada más de bares de mala muerte y par de casuchas en muy mal estado. Espera... ¿Estaba en el lugar correcto? Revisó el papel donde estaba la dirección que una amiga le había anotado, para darse cuenta que se había equivocado de nota y había tomado la dirección a un bar que solía frecuentar una de sus compañeras.― Demonios...― escupió mientras caminaba hacia el dichoso bar, donde preguntaría si había alguna manera de volver a la ciudad. Y que fuese rápido. Taconeando sonoramente, Mitsuki abrió la puerta del bar y se dio de lleno con todas las miradas de los presentes siendo clavadas como puñales en su dirección. Ni que tampoco fuese tan tímida como para soportar la mirada de moteros y señoras carentes de ropa... claro que no. Roja como tomate, la muchacha se apresuró hacia la barra y preguntó en voz baja por el horario del autobus hacia el centro de la ciudad.

Recibiendo la hermosa noticia que debía esperar tres horas más para conseguir movilización.

Y ella sin celular a su alcance, puesto no se le había ocurrido agregarle bolsillos a su bendito cosplay.

Enfadada, y frustrada a más no poder, la psíquica se desparramó en un taburete -de una mesa vacía- y escondió su rostro entre sus manos. Adiós convención, adiós cosplay y adiós a una tarde de risas con su mejor amiga. Ahora tendría que esperar, estancada allí, por un autobus para volver a casa.― Eh, bonita, ¿Quieres una cerveza? ― escuchó la voz ronca y gastada de un hombre, justo a su lado. Él junto a sus amigotes la observaban fijamente, deseosos de escuchar su respuesta. Ay, diosito... no dejes que me rapten hoy, pensó mientras se decidía por qué responder.― Bah, este ha sido un día de mierda... les agradecería una. Bien helada, por favor.― respondió, fingiendo aquel tono desvalido y frágil de alguien que está a punto de ponerse a llorar. Apoyando -luego- esa idea al bajar la mirada hacia su mesa y apartar una inexistente lágrima que no había terminado de caer.   
  
Necesitaba mantenerse viva por lo menos por esas tres horas de espera y jugar a la señorita "dura y patea culos" no le iba a servir. Esperaba, y rezaba en silencio, por que alguno de ellos se apiadara de su imagen desvalida y la dejasen partir sin violencia alguna. Que con sus habilidades de combate... era mejor hacerse la chiquilla débil y frágil.

La piedra roja |  17:37 HRS | Fianna L. Mckenzie

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