Código post Ramya

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Código post Ramya

Mensaje por Khione el Dom 21 Feb 2016, 00:04

Trece llamadas, y -por defecto-, trece mensajes…

Para peor… llamadas directas a su oficina.

Eso sí es llegar a un nuevo nivel de obsesión, pensó Kushad, molesto por la insistencia de su cuñado. El muy bastardo no había aceptado que Ramya ya no estaba bajo su protección y ahora lo atosigaba con llamadas diarias solo para saber si su amada hermanita bastarda estaba vivita y coleando sin un moretón, que si llegaba a escuchar una queja… acabaría –supuestamente- con él. Un verdadero asco, la verdad. Sintiendo el rencor hirviendo en su sangre, y –en mayor parte– cabreado por aquella insistencia, Kushad, sosteniendo entre sus manos un aterciopelado cofre, cruzaba el vasto pasillo que lo llevaba hacia los aposentos de su querida esposa.

No era preocupación ni nada parecido lo que lo guiaba a visitar a su mujer, sino que una retorcida delicia que podía degustar en noches como aquellas. Mostrarla, adornarla a su placer para luego presumir y humillarla como el simple objeto que era. Si el solo pensar cómo reaccionaría con su regalo… Con ello en mente apuró el paso hasta llegar a la puerta correcta. Ahogados sonidos escuchaban desde la habitación, propios de una mujer de su rango: pasos presurosos de las sirvientas arreglándola para su salida, el tintineo característico de las pulseras de su esposa al alisar sus faldas y suaves conversaciones triviales.

Sin siquiera llamar, abrió la puerta y se dio de frente con la aguda mirada de su sacerdotisa, junto con un repentino silencio… Tan típico de ella. Alzando el rostro, esbozó una sonrisa venenosa y recorrió aquel curvilíneo cuerpo que se delineaba entre las capaz del sari con descarada lentitud hasta volver a sus ojos nuevamente.— Veo que aún no estás lista. — Inquirió con una ceja alzada. Entrando a aquel santuario que le era prohibido, profanando con su presencia la intimidad que aquella dura mujer había creado; o al menos intentado.— Déjenos solos, todos… excepto tú, Dim. Termina de arreglar a tu señora. — La muchacha asintió y, sin mirarlo, siguió peinando a su ama mientras las demás se retiraban en silencio. Kushad se tomó su tiempo, disfrutando de la tensión que podía vislumbrar en su rebelde mujer; tanto así, que aprovechando la cercanía de la criada, se dio el gusto de acariciar la curva suave de su cuello. De inmediato, aquella oscura mirada se fijó en él al tiempo que sus labios –pintados de un suave carmín– se contraían revelando sus filosos colmillos, vibrando entre ellos un crudo gruñido.

Bufando lo que parecía ser una carcajada, Kushad no hizo caso de su advertencia y tomó entre los dedos un mechón de su cabello.— Espero que te guardes tu salvajismo, que no soportaré comportamiento así frente a los comensales. ¿Me escuchaste?— Silencio, nada más que silencio se coló en el ambiente. Y así lo prefería, de todos modos.— Ponte esto. Y te doy exactamente diez minutos más, luego te quiero en el auto esperándome.— Desapareció todo rastro de aquel burlón tono, quedando solo su voz gélida que no dejaba espacio a rechistar alguno. No aspiraba respuesta, por lo que lanzó el cofre de terciopelo a los pies de Ramya –con la de idea de que ella se inclinara para recogerlo– y abandonó la habitación con la frente en alto… con una sonrisa de oreja a oreja al sentir la filosa mirada de su esposa a su espalda.

♤♤♤

Toda persona que frecuenta reuniones de naturaleza sofisticada y elegante sabe muy bien que para encajar hay que agradar a las personas correctas. O, en el presente caso, a los grupos correctos. Como mujer casada, Ramya había sido dotada de una distinción de la que no había tenido conocimiento hasta su tercera velada formal en NY. Sin desearlo –ni mucho menos intentarlo– había sido admitida dentro del círculo de las más influyentes mujeres de aquellas juntas, las tales llamadas señoras; no más de siete damas quienes aprovechaban aquellas instancias para realizar sus ataques. Eran ellas, con mirada escalofriantemente certera, quienes destruían con –lengua viperina– a cada amante que siquiera tuviese el valor de aparecer en sus reinos, difamaban a cualquier caballero o dama quienes las desairase o traían la desgracia social sobre algún desafortunado jovenzuelo que no tuviese control con la bebida o sus modales. No había un blanco claro para ellas, todo servía para sus apetitos crueles.

Y en aquella fría noche, cercanas a la mesa del buffet se encontraban las desalmadas mujeres, vigilantes ante cualquier movimiento. Solo que había una de ellas que parecía no encajar en aquel frío y regio porte de ellas. Aquella dama no prestaba atención alguna a los invitados, sino más bien parecía interesada en observar la decoración que seguir los pasos de sus “amigas”. La señora en cuestión posó su mano en el brazo de una de las mujeres y se inclinó a murmurarle algo a lo que la otra fémina asintió; esa respuesta le bastó para ir a por una copa de champaña.

En todo momento sus labios parecían esbozar una perpetua sonrisa, pero bajo aquella tranquila faz aquellas ideas distaban mucho de la verdad. En el corazón de Ramya, en esos momentos, no había más que exasperación y deseos de matar a su esposo por la humillación de la que era presa. Sus dedos se demoraron en el pesado y costoso colgante que cargaba en su cuello, aquel símbolo maldito de que la reclamaba como una simple cosa de la cual regodearse; solo que esta realidad no era conocida por nadie en aquella habitación, más que por su esposo y ella.

Ramya seguiría con su sonrisa y sosegados modales, aun cuando por dentro no quisiese más que su querida soledad y calma. Tomando con suavidad una de las copas allí servidas, la sacerdotisa se dispuso a tomar su posición junto a las señoras cuando vio por el rabillo del ojo el tambalear de una copa acompañado por un rudo juramento. Hubo una inspiración indignada por parte de sus “amigas” en el momento exacto en que el cristalino brebaje se derramaba sobre la falda de su sari. Estaba claro que para ella no era gran cosa aquel pequeño accidente, pero la reacción de sus guardianas parecía distar mucho de su pensar. Las miradas asesinas de inmediato se dirigieron al caballero –que para ellas– culpable de aquel estropicio; mientras que la señora Bharti aceptó el pañuelo que el joven le extendía.— Oh, por favor, pierda cuidado que estas cosas pasan. Se puede lavar luego, así que no hay problema.— respondió amable a sus disculpas, sin alzar la mirada, intentando secar el resto del líquido que quedaba en la tela en un tintinear de sus pulseras.

Como accionados por una fuerza superior, los camareros se aproximaron a limpiar y a ofrecerle otro poco de ayuda a lo que ella declinó cortésmente al momento en que se alejaba un paso del área del accidente.— Al menos me alegro que no haya sido vino tinto. Eso si hubiese sido un problema un tanto más difícil de solucionar.— agregó, alzando al fin su mirada oscura al culpable de tal agravio. Sincera despreocupación reflejaba el rostro sonriente y lozano de la guerrera, quien intentaba relajar al tenso caballero frente a ella. Era evidente, por la rigidez terca de sus hombros y su derecha espalda que no se encontraba muy cómodo; solo que la felina no sabía si era por lo ocurrido o por otra cosa, así que no le quedaba otra cosa que descubrirlo, ¿no?
If tomorrow it comes, I don't wanna go back
Restaurante Carmine’s | 21:15
Izhan S. VonKeesel
robb stark


Código:
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Para peor… llamadas directas a su oficina.

[i]Eso sí es llegar a un nuevo nivel de obsesión[/i], pensó Kushad, molesto por la insistencia de su cuñado. El muy bastardo no había aceptado que Ramya ya no estaba bajo su protección y ahora lo atosigaba con llamadas diarias solo para saber si su amada hermanita bastarda estaba vivita y coleando sin un moretón, que si llegaba a escuchar una queja… acabaría –supuestamente- con él. Un verdadero asco, la verdad. Sintiendo el rencor hirviendo en su sangre, y –en mayor parte– cabreado por aquella insistencia, Kushad, sosteniendo entre sus manos un aterciopelado cofre, cruzaba el vasto pasillo que lo llevaba hacia los aposentos de su [i]querida[/i] esposa.

No era preocupación ni nada parecido lo que lo guiaba a visitar a su mujer, sino que una retorcida delicia que podía degustar en noches como aquellas. Mostrarla, adornarla a su placer para luego presumir y humillarla como el simple objeto que era. [i]Si el solo pensar cómo reaccionaría con su regalo…[/i] Con ello en mente apuró el paso hasta llegar a la puerta correcta. Ahogados sonidos escuchaban desde la habitación, propios de una mujer de su rango: pasos presurosos de las sirvientas arreglándola para su salida, el tintineo característico de las pulseras de su esposa al alisar sus faldas y suaves conversaciones triviales.

 Sin siquiera llamar, abrió la puerta y se dio de frente con la aguda mirada de su sacerdotisa, junto con un repentino silencio… Tan típico de ella. Alzando el rostro, esbozó una sonrisa venenosa y recorrió aquel curvilíneo cuerpo que se delineaba entre las capaz del [i]sari[/i] con descarada lentitud hasta volver a sus ojos nuevamente.— [b]Veo que aún no estás lista.[/b] — Inquirió con una ceja alzada. Entrando a aquel santuario que le era prohibido, profanando con su presencia la intimidad que aquella dura mujer había creado; o al menos intentado.— [b]Déjenos solos, todos… excepto tú, Dim. Termina de arreglar a tu señora.[/b] — La muchacha asintió y, sin mirarlo, siguió peinando a su ama mientras las demás se retiraban en silencio. Kushad se tomó su tiempo, disfrutando de la tensión que podía vislumbrar en su rebelde mujer; tanto así, que aprovechando la cercanía de la criada, se dio el gusto de acariciar la curva suave de su cuello. De inmediato, aquella oscura mirada se fijó en él al tiempo que sus labios –pintados de un suave carmín– se contraían revelando sus filosos colmillos, vibrando entre ellos un crudo gruñido.

Bufando lo que parecía ser una carcajada, Kushad no hizo caso de su advertencia y tomó entre los dedos un mechón de su cabello.— [b]Espero que te guardes tu salvajismo, que no soportaré comportamiento así frente a los comensales. ¿Me escuchaste?[/b]— Silencio, nada más que silencio se coló en el ambiente. Y así lo prefería, de todos modos.— [b]Ponte esto. Y te doy exactamente diez minutos más, luego te quiero en el auto esperándome.[/b]— Desapareció todo rastro de aquel burlón tono, quedando solo su voz gélida que no dejaba espacio a rechistar alguno. No aspiraba respuesta, por lo que lanzó el cofre de terciopelo a los pies de Ramya –con la de idea de que ella se inclinara para recogerlo– y abandonó la habitación con la frente en alto… con una sonrisa de oreja a oreja al sentir la filosa mirada de su esposa a su espalda.

[center]♤♤♤[/center]

Toda persona que frecuenta reuniones de naturaleza sofisticada y elegante sabe muy bien que para encajar hay que agradar a las personas correctas. O, en el presente caso, a los grupos correctos. Como mujer casada, Ramya había sido dotada de una distinción de la que no había tenido conocimiento hasta su tercera velada formal en NY. Sin desearlo –ni mucho menos intentarlo– había sido admitida dentro del círculo de las más influyentes mujeres de aquellas juntas, las tales llamadas [i]señoras[/i]; no más de siete damas quienes aprovechaban aquellas instancias para realizar sus ataques. Eran ellas, con mirada escalofriantemente certera, quienes destruían con –lengua viperina– a cada amante que siquiera tuviese el valor de aparecer en sus reinos, difamaban a cualquier caballero o dama quienes las desairase o traían la desgracia social sobre algún desafortunado jovenzuelo que no tuviese control con la bebida o sus modales. No había un blanco claro para ellas, todo servía para sus apetitos crueles.

Y en aquella fría noche, cercanas a la mesa del buffet se encontraban las desalmadas mujeres, vigilantes ante cualquier movimiento. Solo que había una de ellas que parecía no encajar en aquel frío y regio porte de ellas. Aquella dama no prestaba atención alguna a los invitados, sino más bien parecía interesada en observar la decoración que seguir los pasos de sus “amigas”. La señora en cuestión posó su mano en el brazo de una de las mujeres y se inclinó a murmurarle algo a lo que la otra fémina asintió; esa respuesta le bastó para ir a por una copa de champaña.

En todo momento sus labios parecían esbozar una perpetua sonrisa, pero bajo aquella tranquila faz aquellas ideas distaban mucho de la verdad. En el corazón de Ramya, en esos momentos, no había más que exasperación y deseos de matar a su esposo por la humillación de la que era presa. Sus dedos se demoraron en el pesado y costoso colgante que cargaba en su cuello, aquel símbolo maldito de que la reclamaba como una simple cosa de la cual regodearse; solo que esta realidad no era conocida por nadie en aquella habitación, más que por su esposo y ella.

Ramya seguiría con su sonrisa y sosegados modales, aun cuando por dentro no quisiese más que su querida soledad y calma. Tomando con suavidad una de las copas allí servidas, la sacerdotisa se dispuso a tomar su posición junto a las señoras cuando vio por el rabillo del ojo el tambalear de una copa acompañado por un rudo juramento. Hubo una inspiración indignada por parte de sus “amigas” en el momento exacto en que el cristalino brebaje se derramaba sobre la falda de su [i]sari[/i]. Estaba claro que para ella no era gran cosa aquel pequeño accidente, pero la reacción de sus guardianas parecía distar mucho de su pensar. Las miradas asesinas de inmediato se dirigieron al caballero –que para ellas– culpable de aquel estropicio; mientras que la señora Bharti aceptó el pañuelo que el joven le extendía.— [color=#cc6699]Oh, por favor, pierda cuidado que estas cosas pasan. Se puede lavar luego, así que no hay problema.[/color]— respondió amable a sus disculpas, sin alzar la mirada, intentando secar el resto del líquido que quedaba en la tela en un tintinear de sus pulseras.

Como accionados por una fuerza superior, los camareros se aproximaron a limpiar y a ofrecerle otro poco de ayuda a lo que ella declinó cortésmente al momento en que se alejaba un paso del área del accidente.— [color=#cc6699]Al menos me alegro que no haya sido vino tinto. Eso si hubiese sido un problema un tanto más difícil de solucionar.[/color]— agregó, alzando al fin su mirada oscura al culpable de tal agravio. Sincera despreocupación reflejaba el rostro sonriente y lozano de la guerrera, quien intentaba relajar al tenso caballero frente a ella. Era evidente, por la rigidez terca de sus hombros y su derecha espalda que no se encontraba muy cómodo; solo que la felina no sabía si era por lo ocurrido o por otra cosa, así que no le quedaba otra cosa que descubrirlo, ¿no?</div></div></div><div style="width: 400px; height: 40px; background-color: #222; font-family: 'Dosis', sans-serif; text-transform: uppercase; line-height: 40px; font-size: 10px; text-align: center; letter-spacing: 4px; color: #fff;">If tomorrow it comes, I don't wanna go back</div><div id="boyfriend"><div class="anyway"><div class="wayout"><a href="http://i.imgur.com/OoyCrjP.jpg?1">Outfit</a> ♤ <a href="https://s-media-cache-ak0.pinimg.com/236x/eb/61/80/eb6180302447d7c3d65a98c64794811c.jpg">Necklace</a></div></div><div class="shirt"><div class="wayout">Restaurante Carmine’s | 21:15</div></div><div class="jeans"><div class="wayout">Izhan S. VonKeesel</div></div><a href="http://z10.invisionfree.com/A_THOUSAND_FIREFLIES/index.php?showuser=12224"><div style="width: 400px; margin: 5px; text-align: left; font-family: arial; text-transform: uppercase; text-align: left; font-size: 6px; color: #111;">robb stark</div></a></center>


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Re: Código post Ramya

Mensaje por Khione el Dom 21 Feb 2016, 00:05

Estirando sus engarrotados músculos, aquel que abrió fuego por primera vez, salió de la oficina con una parsimonia impropia de ladrones humanos. Daba la idea de que tenía todo el tiempo del mundo, sin siquiera medir que posiblemente la policía venía en camino. Sacando su móvil, el ladrón seleccionó el único número que había registrado y esperó a por una respuesta.— ¿Signora? Si, comenzamos con el plan. Tenemos los veinte rehenes que necesita y Fabio se encargará de apagar las cámaras, pero necesito el número de la bóveda para sacar el talismán. Claro… 234, entendido. La llamaré con los avances.— Guardando el aparato en uno de sus bolsillos, se dirigió a donde los rehenes eran ordenados. Tal y cómo había pensado eran más de los que necesitaban… y no necesitaban mirones. Deslizando la mirada por los civiles alineados, Gabriel llegó hasta ciertos individuos al final de la fila. Interesante…— Si me permiten su atención por un momento, explicaré la razón por semejante demostración de violencia. Verán… necesitamos un pequeño favorcito y esta era la única manera de hacerlo, les puedo jurar que no había otra forma. Lo lamento con el dolor de mi alma, pero así debía hacerse.— La honestidad parecía vislumbrarse en sus palabras, pero su mirada desmentía de inmediato aquella treta.— Oh, y necesitamos a veinte de ustedes. — Sus secuaces de inmediato comenzaron a casi arrastrar a los que Gabriel apuntaba, ordenándolos todos juntos mientras él seguía eligiendo los mejores del grupo. No fue hasta que llegó a aquellos que habían atrapado su atención por un momento, cuando su afilado olfato reconoció de inmediato que no eran humanos. y aquel muchachito de pálidos cabellos daba claras luces que era tan humano como su señora. Sangre demoniaca corría por sus venas, eso era seguro.— Ellos. — indicó y sus órdenes fueron seguidas. La primera en ser empujada al círculo de rehenes elegidos fue el chico de cabello níveo, luego la mujer que no le había quitado la mirada de encima, siendo el último rehén un magullado hombre que tenía la constitución de un gorila de bar.

Veintes rehenes, veinte sellos; todo parecía prometer.

Esbozando una sonrisa tranquila, Gabriel habló nuevamente pero esta vez a aquellos suertudos que quedaron fuera de su elección. La esperanza refulgía en aquellas miradas… pobrecillos.— Ustedes, amigos, podrán partir en paz. — uniendo sus palmas, inclinó su cabeza en una despedida y se giró con intenciones de comenzar la búsqueda del talismán. No le sorprendió la abertura al fuego que se desató luego de su retirada, puesto sabía bien algo. A ella no le gustaban los mirones y mucho menos querría espectadores indeseados en aquel arcano ritual, ¿no?

♤♤♤

Apoyándose apenas en la figura de su guardaespalda, Ramya observó impasible como los ladrones se deshacían de los que habían sobrado. Había temido que los subordinados no soportarían peso muerto y elegirían al deseo del líder, pero había previsto que todos ellos eran licántropos. Le sorprendía que los lycans se encontrasen enredados en tales crímenes, puesto parecían siempre decantarse en manadas seguras y –claramente– ninguna manada lo bastante grande se arriesgaría a alertar a los nephilims de esa manera. Mucho menos a la luz del día.— Lobos…— suspiró en un casi inaudible sonido. Theo, quien había sido golpeado al negarse a que la atrapasen, se aclaró la garganta en un intento de respuesta. Los humanos que se hallaban presente seguían llorando u observando congelados en sus lugares lo que había pasado, pero sabía que con la adrenalina en la sangre no tardarían a volver su atención en el problema. Y ese era justo su problema, puesto no ayudaría mucho el comenzar a susurrar “licántropos” u otros términos desconocidos para ellos en un intento de llamar la atención de los únicos no-mortales que percibía su sensible olfato.

— La policía no tardará en llegar, así que cierren las protecciones de las ventanas. Activa el sistema de robo, Stuart.— siguió mandando aquel inquietante hombre. Hasta que centró la mirada azulina en ella y luego en los otros jóvenes que permanecían sentados cerca de ella.— Una sorpresa pillarlos aquí, qué les puedo decir.— rió como si estuviese satisfecho con aquel descubrimiento y prosiguió, esta vez mirando al muchacho.— Me servirás de mucho ahora que lo pienso, así que debes feliz. Tendrás una pequeña parte del botín.— Aquella mirada azul volvió a la sacerdotisa y esbozando una sonrisa, se acercó un poco a ella –aprovechando que estaba en el borde del círculo– para observarla con aguda mirada.— Usted, en cambio, no me servirá mucho, encanto. Pero quizás le encuentre algún uso, no se preocupe.— Ramya se mantuvo pacífica, sin mostrar cambio alguno ante sus palabras pero si estaba levemente tensa. Lista para saltar al cuello de cualquiera que alzara arma alguna contra ella. ¿Sabría aquel hombre, con exactitud, su naturaleza? Esperaba que confundiese su esencia opuesta, así al menos tendría el factor sorpresa si las cosas se ponían feas. Que sería pronto si las cosas salían tan a favor de los ladrones; necesitaban desesperadamente distractores e imprevistos, los suficientes como para crear algún plan y escapar de allí.
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Veintes rehenes, veinte sellos; todo parecía prometer.

Esbozando una sonrisa tranquila, Gabriel habló nuevamente pero esta vez a aquellos [i]suertudos[/i] que quedaron fuera de su elección. La esperanza refulgía en aquellas miradas… pobrecillos.— Ustedes, amigos, podrán partir en paz. — uniendo sus palmas, inclinó su cabeza en una despedida y se giró con intenciones de comenzar la búsqueda del talismán. No le sorprendió la abertura al fuego que se desató luego de su retirada, puesto sabía bien algo. A ella no le gustaban los mirones y mucho menos querría espectadores indeseados en aquel arcano ritual, ¿no?

[center]♤♤♤[/center]

Apoyándose apenas en la figura de su guardaespalda, Ramya observó impasible como los ladrones se deshacían de los que habían sobrado. Había temido que los subordinados no soportarían peso muerto y elegirían al deseo del líder, pero había previsto que todos ellos eran licántropos. Le sorprendía que los lycans se encontrasen enredados en tales crímenes, puesto parecían siempre decantarse en manadas seguras y –claramente– ninguna manada lo bastante grande se arriesgaría a alertar a los nephilims de esa manera. Mucho menos a la luz del día.— Lobos…— suspiró en un casi inaudible sonido. Theo, quien había sido golpeado al negarse a que la atrapasen, se aclaró la garganta en un intento de respuesta. Los humanos que se hallaban presente seguían llorando u observando congelados en sus lugares lo que había pasado, pero sabía que con la adrenalina en la sangre no tardarían a volver su atención en el problema. Y ese era justo su problema, puesto no ayudaría mucho el comenzar a susurrar “licántropos” u otros términos desconocidos para ellos en un intento de llamar la atención de los únicos no-mortales que percibía su sensible olfato.

— La policía no tardará en llegar, así que cierren las protecciones de las ventanas. Activa el sistema de robo, Stuart.— siguió mandando aquel inquietante hombre. Hasta que centró la mirada azulina en ella y luego en los otros jóvenes que permanecían sentados cerca de ella.— Una sorpresa pillarlos aquí, qué les puedo decir.— rió como si estuviese satisfecho con aquel descubrimiento y prosiguió, esta vez mirando al muchacho.— Me servirás de mucho ahora que lo pienso, así que debes feliz. Tendrás una pequeña parte del botín.— Aquella mirada azul volvió a la sacerdotisa y  esbozando una sonrisa, se acercó un poco a ella –aprovechando que estaba en el borde del círculo– para observarla con aguda mirada.— Usted, en cambio, no me servirá mucho, encanto. Pero quizás le encuentre algún uso, no se preocupe.— Ramya se mantuvo pacífica, sin mostrar cambio alguno ante sus palabras pero si estaba levemente tensa. Lista para saltar al cuello de cualquiera que alzara arma alguna contra ella. ¿Sabría aquel hombre, con exactitud, su naturaleza? Esperaba que confundiese su esencia opuesta, así al menos tendría el factor sorpresa si las cosas se ponían feas. Que sería pronto si las cosas salían tan a favor de los ladrones; necesitaban desesperadamente distractores e imprevistos, los suficientes como para crear algún plan y escapar de allí. </div></div></div><div style="width: 400px; height: 40px; background-color: #222; font-family: 'Dosis', sans-serif; text-transform: uppercase; line-height: 40px; font-size: 12px; text-align: center; letter-spacing: 4px; color: #fff;">Hostages</div><div id="boyfriend"><div class="anyway"><div class="wayout"><a href="https://s-media-cache-ak0.pinimg.com/736x/31/ec/0d/31ec0d2d7da0fffbcef5defd852c4a99.jpg">Outfit</a></div></div><div class="shirt"><div class="wayout">Morgan Stanley Bank | 17:35</div></div><div class="jeans"><div class="wayout">libre</div></div><a href="http://z10.invisionfree.com/A_THOUSAND_FIREFLIES/index.php?showuser=12224"><div style="width: 400px; margin: 5px; text-align: left; font-family: arial; text-transform: uppercase; text-align: left; font-size: 6px; color: #111;">robb stark</div></a></center>



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Re: Código post Ramya

Mensaje por Khione el Mar 23 Feb 2016, 22:07

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<link href='http://fonts.googleapis.com/css?family=Dosis' rel='stylesheet' type='text/css'><style type="text/css">.sex { text-align: justify; color: #222; font-family: verdana; font-size: 10.5px; line-height: 140%; }.sex:first-letter { float: left; padding: 5px; font-family: georgia; font-style: italic; text-transform: uppercase; color: #444; font-size: 30px; }#boyfriend { position: relative; width: 400px; height: 250px; background-image: url(¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡LINK IMAGEN POST!!!!!); overflow: hidden; }.wayout { width: 350px; height: 50px; background-color: #222; line-height: 50px; text-align: center; text-transform: uppercase; font-family: dosis; font-size: 10px; letter-spacing: 1px; color: #fff; text-decoration: none; -moz-transition-duration: 0.6s;  -webkit-transition-duration: 0.6s;  -o-transition-duration: 0.6s; }.wayout:hover { background-color: #444; text-decoration: line-through; -moz-transition-duration: 1s;  -webkit-transition-duration: 1s;  -o-transition-duration: 1s; }.anyway { position: absolute; left: -400px; top: 25px; width: 350px; height: 50px; background-color: #222; -moz-transition-duration: 0.6s;  -webkit-transition-duration: 0.6s;  -o-transition-duration: 0.6s; }.shirt { position: absolute; right: -400px; top: 100px; width: 350px; height: 50px; background-color: #222; -moz-transition-duration: 0.6s;  -webkit-transition-duration: 0.6s;  -o-transition-duration: 0.6s; }.jeans { position: absolute; left: -400px; top: 175px; width: 350px; height: 50px; background-color: #222; -moz-transition-duration: 0.6s;  -webkit-transition-duration: 0.6s;  -o-transition-duration: 0.6s; }#boyfriend:hover .anyway { left: 25px; -moz-transition-duration: 0.6s;  -webkit-transition-duration: 0.6s;  -o-transition-duration: 0.6s; }#boyfriend:hover .shirt { right: 25px; -moz-transition-duration: 0.6s;  -webkit-transition-duration: 0.6s;  -o-transition-duration: 0.6s; }#boyfriend:hover .jeans { left: 25px; -moz-transition-duration: 0.6s;  -webkit-transition-duration: 0.6s;  -o-transition-duration: 0.6s; }</style><center><div style="width: 360px; padding: 20px; background-image: url(http://i.imgur.com/8VJIPky.png);"><div style="width: 330px; padding: 15px; background-color: #f3f3f3; border: 1px solid #eee;"><div class="sex">Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Suspendisse fringilla tincidunt turpis vitae condimentum. Integer eget ante eget elit feugiat pulvinar. Maecenas a auctor sapien, et cursus sem. Sed vehicula mattis magna, non finibus magna pharetra quis. Sed nec viverra lacus. Fusce faucibus, nisi vel viverra consectetur, sapien est dignissim ligula, non condimentum nibh diam non ipsum. Maecenas condimentum enim at commodo iaculis. Nulla scelerisque aliquet purus ac ultricies. In lorem tellus, sodales sed finibus at, interdum sit amet felis. Praesent eget ex libero. Integer auctor pellentesque euismod. Suspendisse varius tristique odio, ut varius massa consectetur vel.

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Re: Código post Ramya

Mensaje por Khione el Dom 12 Jun 2016, 15:43

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Bitter Consequences
HOTEL KÖPENHAVN | habitación 250
Izhan S. VonKeesel
robb stark


Código:
<link href='http://fonts.googleapis.com/css?family=Dosis' rel='stylesheet' type='text/css'><style type="text/css">.sex { text-align: justify; color: #222; font-family: verdana; font-size: 10.5px; line-height: 140%; }.sex:first-letter { float: left; padding: 5px; font-family: georgia; font-style: italic; text-transform: uppercase; color: #444; font-size: 30px; }#boyfriend { position: relative; width: 400px; height: 250px; background-image: url(http://i.imgur.com/4rtDcw4.png); overflow: hidden; }.wayout { width: 350px; height: 50px; background-color: #222; line-height: 50px; text-align: center; text-transform: uppercase; font-family: dosis; font-size: 10px; letter-spacing: 1px; color: #fff; text-decoration: none; -moz-transition-duration: 0.6s;  -webkit-transition-duration: 0.6s;  -o-transition-duration: 0.6s; }.wayout:hover { background-color: #444; text-decoration: line-through; -moz-transition-duration: 1s;  -webkit-transition-duration: 1s;  -o-transition-duration: 1s; }.anyway { position: absolute; left: -400px; top: 25px; width: 350px; height: 50px; background-color: #222; -moz-transition-duration: 0.6s;  -webkit-transition-duration: 0.6s;  -o-transition-duration: 0.6s; }.shirt { position: absolute; right: -400px; top: 100px; width: 350px; height: 50px; background-color: #222; -moz-transition-duration: 0.6s;  -webkit-transition-duration: 0.6s;  -o-transition-duration: 0.6s; }.jeans { position: absolute; left: -400px; top: 175px; width: 350px; height: 50px; background-color: #222; -moz-transition-duration: 0.6s;  -webkit-transition-duration: 0.6s;  -o-transition-duration: 0.6s; }#boyfriend:hover .anyway { left: 25px; -moz-transition-duration: 0.6s;  -webkit-transition-duration: 0.6s;  -o-transition-duration: 0.6s; }#boyfriend:hover .shirt { right: 25px; -moz-transition-duration: 0.6s;  -webkit-transition-duration: 0.6s;  -o-transition-duration: 0.6s; }#boyfriend:hover .jeans { left: 25px; -moz-transition-duration: 0.6s;  -webkit-transition-duration: 0.6s;  -o-transition-duration: 0.6s; }</style><center><div style="width: 360px; padding: 20px; background-image: url(http://i.imgur.com/8VJIPky.png);"><div style="width: 330px; padding: 15px; background-color: #f3f3f3; border: 1px solid #eee;"><div class="sex">Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Suspendisse fringilla tincidunt turpis vitae condimentum. Integer eget ante eget elit feugiat pulvinar. Maecenas a auctor sapien, et cursus sem. Sed vehicula mattis magna, non finibus magna pharetra quis. Sed nec viverra lacus. Fusce faucibus, nisi vel viverra consectetur, sapien est dignissim ligula, non condimentum nibh diam non ipsum. Maecenas condimentum enim at commodo iaculis. Nulla scelerisque aliquet purus ac ultricies. In lorem tellus, sodales sed finibus at, interdum sit amet felis. Praesent eget ex libero. Integer auctor pellentesque euismod. Suspendisse varius tristique odio, ut varius massa consectetur vel.

Nulla lacinia rutrum facilisis. Nam luctus orci turpis. Nulla tellus tellus, ornare sit amet felis ut, volutpat accumsan dolor. Nunc ac justo eu magna vehicula sollicitudin vel at velit. Etiam pellentesque felis justo, eget lobortis lacus tempus ut. Maecenas viverra urna in vestibulum elementum. Curabitur fringilla porttitor massa. Proin aliquam dui eu tellus suscipit, vitae egestas erat dictum. In semper mattis est placerat gravida. Etiam vitae blandit leo. Ut a odio sed est gravida molestie. Nullam ullamcorper quis nunc eget auctor. Aenean feugiat feugiat volutpat. Nulla eu risus massa. Praesent pellentesque pharetra ipsum nec venenatis. Praesent in magna vel justo cursus gravida nec dapibus sapien.</div></div></div><div style="width: 400px; height: 40px; background-color: #222; font-family: 'Dosis', sans-serif; text-transform: uppercase; line-height: 40px; font-size: 10px; text-align: center; letter-spacing: 4px; color: #fff;">Bitter Consequences</div><div id="boyfriend"><div class="anyway"><div class="wayout"><a href="http://i.imgur.com/DtXZBHd.jpg?1">Outfit</a></div></div><div class="shirt"><div class="wayout">HOTEL KÖPENHAVN | habitación 250</div></div><div class="jeans"><div class="wayout">Izhan S. VonKeesel</div></div><a href="http://z10.invisionfree.com/A_THOUSAND_FIREFLIES/index.php?showuser=12224"><div style="width: 400px; margin: 5px; text-align: left; font-family: arial; text-transform: uppercase; text-align: left; font-size: 6px; color: #111;">robb stark</div></a></center>


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Re: Código post Ramya

Mensaje por Khione el Dom 03 Jul 2016, 20:57

Deslizando su dedo por la pantalla brillante de su móvil, la mujer contestó la llamada con una sonrisa tranquila iluminándole el rostro. Sus ojos, dos oscuras gemas, se tiñeron de un humor juguetón al saber quién iba a hablar al otro lado de la línea. Sin siquiera saludarle, la sacerdotisa esperó para que la voz grave y masculina de su amigo llegara a ella.—  Siempre huyendo temprano, cariño. Sabes bien que eres bienvenida en mi hogar, ¿Por qué me abandonas en sueños? — La mujer bufó y su sonrisa se ensanchó al captar la nota de implícita coquetería en sus palabras. Siendo la única figura detenida a un lado de un gran árbol, la dama parecía mimetizarse sin problema alguno en aquella matutina rutina que creaban los presentes en el parque. Algunos haciendo ejercicio, otros paseando a sus mascotas y otros, siendo los pocos, que parecían no tener ni un motivo claro de porqué estaba allí a esas horas. Estando ella en aquella pequeña categoría.

Hundiéndose aún más en el calor que le ofrecía su largo abrigo, Ramya torció aquella sonrisa dulce y se apoyó apenas en el árbol a su lado.— Sabes muy bien por qué evito quedarme. La manera en que preparas el té es horrible y prefiero evitar intoxicarme. — respondió bromista, saboreando en silencio la gutural y masculina risa que había provocado a su viejo compañero de andanzas.— Me hieres, Leela, pero sabes bien que igual terminaré perdonándote. ¿Cuándo volveremos a encontrarnos?— Aquella pregunta le llegó demasiado directa, provocando que de su rostro toda expresión de borrase. Dejando nada más que apagada confusión. Su vida estaba dando demasiadas vueltas, saliéndose del camino que ella misma había labrado para sí. No tenía el tiempo para darse el lujo de concretar nada, mucho menos el acercar a un amigo tan querido para ella como lo era Stephen Andrews. Lo estimaba demasiado como para permitirle acercarse a la latente tormenta que se cernía sobre ella. Mordiendo su labio, la guerrera respondió en un suspiro.— No me preguntes lo que no puedo responder, Stephen. — Un breve silencio siguió su respuesta, hasta que un suspiro amargo llegó a ella.— Entiendo. Llámame si necesitas algo, cariño. Y no me refiero a nuestro acuerdo solamente, puedes confiar en mí. Recuerda eso.— Se despidieron entre pequeños recordatorios de afecto y la llamada se cortó. Dejándola sola frente al gran lago que lentamente se teñía de dorado al ser tocado por los tímidos primeros rayos de sol que inundaban lentamente el parque.

Ramya no se había dirigido al gran parque por mera casualidad. Necesitaba un tiempo a solas de todo. Desesperadamente necesitaba casi desligarse de su propia piel para poder liberarse del peso que sus hombros cargaban. Pero no había manera. Quizás el irse al extranjero, perderse en alguna selva y pretender ser parte del mundo que su corazón anhelaba. Abrazar su naturaleza salvaje por un tiempo solo para sacarse de encima las responsabilidades que iban unidas a su nombre. Guardando su móvil, a la vez que un suspiro brotaba de su pecho, la guerrera se cruzó de brazos y admiró la naturaleza que la rodeaba, dejando que sus pensamientos vagaran sin dirección fija.

Hasta que la sensación de que estaba siendo observada le erizó los cabellos de la nuca.

De inmediato se irguió, su mirada sondeando su perímetro con predadora atención. Había algo en aquella sensación que la puso en guardia de inmediato, gatillando el primitivo impulso de prepararse para atacar a aquello que la tenía como objetivo. Solo que no encontró nada... Apretando los dientes, molesta por su error, la señora Bharti se obligó a dejar de buscar al inexistente mirón y tomó de mejor manera el bolso que pendía de su brazo. Caminó hacia una banca cercana a la gran laguna y tomó asiento, agradeciendo por la privacidad que le brindaba aquel lugar y, a la vez, siendo consciente que la sensación de que no estaba sola seguía en su sistema.
¿Human or wolf?
Central park | 8:47 a.m.
Fianna L. Mackenzie
robb stark


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<link href='http://fonts.googleapis.com/css?family=Dosis' rel='stylesheet' type='text/css'><style type="text/css">.sex { text-align: justify; color: #222; font-family: verdana; font-size: 10.5px; line-height: 140%; }.sex:first-letter { float: left; padding: 5px; font-family: georgia; font-style: italic; text-transform: uppercase; color: #444; font-size: 30px; }#boyfriend { position: relative; width: 400px; height: 250px; background-image: url(http://i.imgur.com/ghhvSB8.png); overflow: hidden; }.wayout { width: 350px; height: 50px; background-color: #222; line-height: 50px; text-align: center; text-transform: uppercase; font-family: dosis; font-size: 10px; letter-spacing: 1px; color: #fff; text-decoration: none; -moz-transition-duration: 0.6s;  -webkit-transition-duration: 0.6s;  -o-transition-duration: 0.6s; }.wayout:hover { background-color: #444; text-decoration: line-through; -moz-transition-duration: 1s;  -webkit-transition-duration: 1s;  -o-transition-duration: 1s; }.anyway { position: absolute; left: -400px; top: 25px; width: 350px; height: 50px; background-color: #222; -moz-transition-duration: 0.6s;  -webkit-transition-duration: 0.6s;  -o-transition-duration: 0.6s; }.shirt { position: absolute; right: -400px; top: 100px; width: 350px; height: 50px; background-color: #222; -moz-transition-duration: 0.6s;  -webkit-transition-duration: 0.6s;  -o-transition-duration: 0.6s; }.jeans { position: absolute; left: -400px; top: 175px; width: 350px; height: 50px; background-color: #222; -moz-transition-duration: 0.6s;  -webkit-transition-duration: 0.6s;  -o-transition-duration: 0.6s; }#boyfriend:hover .anyway { left: 25px; -moz-transition-duration: 0.6s;  -webkit-transition-duration: 0.6s;  -o-transition-duration: 0.6s; }#boyfriend:hover .shirt { right: 25px; -moz-transition-duration: 0.6s;  -webkit-transition-duration: 0.6s;  -o-transition-duration: 0.6s; }#boyfriend:hover .jeans { left: 25px; -moz-transition-duration: 0.6s;  -webkit-transition-duration: 0.6s;  -o-transition-duration: 0.6s; }</style><center><div style="width: 360px; padding: 20px; background-image: url(http://i.imgur.com/8VJIPky.png);"><div style="width: 330px; padding: 15px; background-color: #f3f3f3; border: 1px solid #eee;"><div class="sex">Deslizando su dedo por la pantalla brillante de su móvil, la mujer contestó la llamada con una sonrisa tranquila iluminándole el rostro. Sus ojos, dos oscuras gemas, se tiñeron de un humor juguetón al saber quién iba a hablar al otro lado de la línea. Sin siquiera saludarle, la sacerdotisa esperó para que la voz grave y masculina de su [i]amigo[/i] llegara a ella.—  [i]Siempre huyendo temprano, cariño. Sabes bien que eres bienvenida en mi hogar, ¿Por qué me abandonas en sueños?[/i] — La mujer bufó y su sonrisa se ensanchó al captar la nota de implícita coquetería en sus palabras. Siendo la única figura detenida a un lado de un gran árbol, la dama parecía mimetizarse sin problema alguno en aquella matutina rutina que creaban los presentes en el parque. Algunos haciendo ejercicio, otros paseando a sus mascotas y otros, siendo los pocos, que parecían no tener ni un motivo claro de porqué estaba allí a esas horas. Estando ella en aquella pequeña categoría.

Hundiéndose aún más en el calor que le ofrecía su largo abrigo, Ramya torció aquella sonrisa dulce y se apoyó apenas en el árbol a su lado.— [color=#cc6699]Sabes muy bien por qué evito quedarme. La manera en que preparas el té es horrible y prefiero evitar intoxicarme.[/color] — respondió bromista, saboreando en silencio la gutural y masculina risa que había provocado a su viejo compañero de andanzas.— [i]Me hieres, Leela, pero sabes bien que igual terminaré perdonándote. ¿Cuándo volveremos a encontrarnos?[/i]— Aquella pregunta le llegó demasiado directa, provocando que de su rostro toda expresión de borrase. Dejando nada más que apagada confusión. Su vida estaba dando demasiadas vueltas, saliéndose del camino que ella misma había labrado para sí. No tenía el tiempo para darse el lujo de concretar nada, mucho menos el acercar a un amigo tan querido para ella como lo era Stephen Andrews. Lo estimaba demasiado como para permitirle acercarse a la latente tormenta que se cernía sobre ella. Mordiendo su labio, la guerrera respondió en un suspiro.— [color=#cc6699]No me preguntes lo que no puedo responder, Stephen.[/color] — Un breve silencio siguió su respuesta, hasta que un suspiro amargo llegó a ella.— [i]Entiendo. Llámame si necesitas algo, cariño. Y no me refiero a nuestro acuerdo solamente, puedes confiar en mí. Recuerda eso.[/i]— Se despidieron entre pequeños recordatorios de afecto y la llamada se cortó. Dejándola sola frente al gran lago que lentamente se teñía de dorado al ser tocado por los tímidos primeros rayos de sol que inundaban lentamente el parque.

Ramya no se había dirigido al gran parque por mera casualidad. Necesitaba un tiempo a solas de todo. Desesperadamente necesitaba casi desligarse de su propia piel para poder liberarse del peso que sus hombros cargaban. Pero no había manera. Quizás el irse al extranjero, perderse en alguna selva y pretender ser parte del mundo que su corazón anhelaba. Abrazar su naturaleza salvaje por un tiempo solo para sacarse de encima las responsabilidades que iban unidas a su nombre. Guardando su móvil, a la vez que un suspiro brotaba de su pecho, la guerrera se cruzó de brazos y admiró la naturaleza que la rodeaba, dejando que sus pensamientos vagaran sin dirección fija.

Hasta que la sensación de que estaba siendo observada le erizó los cabellos de la nuca.

De inmediato se irguió, su mirada sondeando su perímetro con predadora atención. Había algo en aquella sensación que la puso en guardia de inmediato, gatillando el primitivo impulso de prepararse para atacar a aquello que la tenía como objetivo. Solo que no encontró nada... Apretando los dientes, molesta por su error, la señora Bharti se obligó a dejar de buscar al inexistente mirón y tomó de mejor manera el bolso que pendía de su brazo. Caminó hacia una banca cercana a la gran laguna y tomó asiento, agradeciendo por la privacidad que le brindaba aquel lugar y, a la vez, siendo consciente que la sensación de que no estaba sola seguía en su sistema.</div></div></div><div style="width: 400px; height: 40px; background-color: #222; font-family: 'Dosis', sans-serif; text-transform: uppercase; line-height: 40px; font-size: 10px; text-align: center; letter-spacing: 4px; color: #fff;">¿Human or wolf?</div><div id="boyfriend"><div class="anyway"><div class="wayout"><a href="http://i.imgur.com/G1I4Yow.jpg?1">Outfit</a></div></div><div class="shirt"><div class="wayout">Central park | 8:47 a.m.</div></div><div class="jeans"><div class="wayout">Fianna L. Mackenzie</div></div><a href="http://z10.invisionfree.com/A_THOUSAND_FIREFLIES/index.php?showuser=12224"><div style="width: 400px; margin: 5px; text-align: left; font-family: arial; text-transform: uppercase; text-align: left; font-size: 6px; color: #111;">robb stark</div></a></center>


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Re: Código post Ramya

Mensaje por Khione el Lun 18 Jul 2016, 00:36

Entre la espesura del bosque, allá donde el verdor de la naturaleza parecía intacto ante el tacto tóxico del hombre, una criatura se agazapaba ante la visión de una pequeña e ingenua presa. La pequeña liebre dio un par de saltos en su dirección, sin notar aún su presencia, y rebuscó entre la espesa hierba en busca de algo de comer. Que descuidada criatura era aquella. Su final cayó sobre ella demasiado rápido como para ser completamente consciente de ello. El gritillo desesperado del pequeño ser murió en las fauces de su asesino, quien hundió sus colmillos con escalofriante precisión. Arrebatándole la vida de manera rápida y eficiente.

Oculta por la espesa hierba que la rodeaba la fiera devoró a su presa con pausado interés, disfrutando de su pequeño bocadillo. Aquel entremés estaba dirigido solo para saciar su apetito de caza, más que verdadera hambre, puesto hacía un par de días había cazado para aplacar su voraz apetito. Era la sensación de libertad la que buscaba en aquel momento. Ni rastro de su parte humana quedaba en esos momentos de eterna paz; nada de nombres ni estatus. Ya no había un marido que la esperaba, responsabilidades ni mentiras que mantener. Simplemente abrazaba sus más bajos instintos; y eso le encantaba.  

Haciendo gala de su imponente presencia en aquellos terrenos, el tigre de bengala lamió los restos de sangre que manchaban sus fauces y alzó la mirada, perezosa, hacia la naturaleza que la rodeaba. Sabía bien que debía ser precavida en su paso por los bosques, aún cuando deseaba correr sin mirar atrás. Si era divisada por algún cazador o algún humano errante, lo más probable es que fuese perseguida hasta ser encerrada o, peor aún, cazada. No es que le importase tanto el ser descubierta, si era sincera, el era el solo hecho que no podría volver a pisar aquellos terrenos sin tener que vigilar sus pasos con extrema precaución. Dejando los restos de su víctima atrás, la magnífica criatura se dirigió –sin prisa en su caminar ni destino seguro– entre las hojas que se extendían por todo el lugar. Quería disfrutar de aquel momento, incluso de su monótona marcha. Solo ella y su esencia animal en comunión, sin los barrotes del auto-control distanciándolas; tigre y fae hecha uno, finalmente.

El conocido sonido del agua rompiendo contra la corriente llegó a ella en un lento crescendo, avisándole que sin querer se había dirigido hacia la naciente de un pequeño riachuelo. Una agradable sorpresa era aquella, sin duda alguna. Acercándose, con un suave ronroneo vibrando en su garganta, la felina ingresó pausadamente al pequeño pozón que se había formado muy cerca del nacimiento del caudal. El placer que le causó el sentir la fresca sensación del agua en su pelaje pareció encender sus sentidos, sumiéndola en una pacífica y placentera quietud. Era aquello, lo que estaba experimentando en ese mismo momento, lo que había anhelado desde hacía semanas. Entrecerrando su mirada, moviendo en un suave vaivén sus patas delanteras en el agua, la tigresa se despreocupó por un momento de los peligros.

Dejándola solo con la privacidad de aquel secreto y recién descubierto oasis en medio del bosque.
Beware the beast within
XX
La espesura del bosque | 13:20 p.m.
Eleanor Reidel
robb stark


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Khione
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